martes, 15 de abril de 2025

Comprar libros en abril, o mensajes en una botella.

 



Comprar libros es algo parecido a meter un papel en una botella y arrojarla al mar. Un mensaje para nuestro yo del futuro, un regalo en diferido. Sabemos que nuestra biblioteca está llena de libros que no leeremos, y aún así no podemos evitar la tentación cuando nos pasamos por alguna librería o visitamos una tienda de viejo. Algún día tendremos tiempo, pensamos, o ganas de leer cosas sobre filosofía, o queremos tener las obras completas de Robertson Davies.

A mi me pasa constantemente. Voy acumulando en las estanterías libros que aún no he leído, pero siempre encuentro algún ejemplar que acabo comprando por el simple placer de tenerlo, con la seguridad de que en los próximos meses, e incluso años, estará en el rincón de los pendientes pero a la vez con la esperanza de que algún día le llegará su turno. 

Es una simple ilusión. Los que tenemos el vicio de los libros sabemos que vamos llenando nuestras casas de obras que no siempre adquirimos para leer. Las bibliotecas no son una simple colección de lecturas sino que son mucho más. Son como huellas de nuestra historia, de los intereses que con los años fueron cambiando y tal vez de obsesiones que siempre están presentes. Conocimiento desordenado que fuimos olvidando o que nunca llegamos a adquirir porque aquel libro que tanto nos interesaba en los años universitarios resulta que se quedó, en muchos casos, a medio leer y no conseguimos encontrar el momento de darle una segunda oportunidad. O su lectura se nos hizo tan pesada e infinita que quedó, intencionadamente, abandonado en la estantería de los intentos fallidos.


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