jueves, 5 de diciembre de 2024

Lo que nos queda por leer.

 


Hace algunos años encontré por internet una de esas famosas listas con los libros que hay que leer en la vida. No recuerdo ahora de cuantos libros se trataba, pero si recuerdo comentar con mi hijo, que por aquel entonces tendría once o doce años, que con mi ritmo de lectura era probable que en lo que me resta de vida pudiese llegar a leer unos mil libros más. 

No pareció darle demasiada importancia a la conversación. Sin embargo, unos días después llegó a casa comentando que había hablado con una compañera sobre el asunto de los mil libros y que esta le había dicho que era imposible, que no me daría tiempo a leer tantos libros, que seguramente me muriese antes de llegar a quinientos. 

Nadie sabe, nadie puede saber los libros que nos quedan por leer ni los amaneceres que nos quedan por disfrutar, pero cogí lápiz y papel y calculé que para conseguir leer 1000 libros en los próximos 25 años debería mantener una media de 40 obras al año.

Y en un cuaderno anoté las obras que creo que debo leer de manera obligatoria, dejando espacio suficiente para otras autoras y autores que vayan surgiendo con los años, que siempre habrá alguna premio nobel que merezca ser leída o algún escritor poco conocido que tenga una obra genial. 

Y como estamos en la época del exhibicionismo cibernético y a veces tengo la impresión de que no existo, decido iniciar también aquí, en el internet, una especie de cuaderno de bitácora en el que ir anotando algunos datos sobre esas obras que, al llegar la postrera hora y con un pie en el estribo, me harán exclamar, triunfante y satisfecho, ¡Si, yo también las he leído!

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